viernes, 5 de julio de 2013

Reportaje: la investigación en las universidades

Andrea Hernández


Quieren hacer ciencia

Laboratorio de química en la UCV
Actualmente los investigadores de laboratorios en las universidades públicas necesitan explotar su imaginación al máximo. Sus enfoques no solo van dirigidos al desarrollo de sus proyectos, enseñanzas y estudios, sino también a la búsqueda de recursos: participación en concursos, trueques, cálculos de divisas, racionamiento del material, sacrificar proyectos y sacar dinero de sus propios bolsillos. Su interés por la investigación científica los ha llevado a desarrollar creatividad financiera así no se trate de su área.

La investigadora María J. Marcano trabaja en el área de biogenética celular en la Universidad de Los Andes (ULA). Ha estado trabajando en un proyecto de genética del cacao pero actualmente lo mantiene suspendido. Comenta que desde hace tres o cuatro años dejó de recibir financiamiento, “trabajo muy esporádicamente porque me faltan suministros, ahora se me dañó un equipo que no puedo reparar, es una situación difícil”.




El profesor Jimmy Castillo es doctor en química y fue ganador del premio Lorenzo Mendoza Fleury de
la Fundación Empresas Polar este año por su trayectoria como investigador

Debido al control que ejerce el Gobierno sobre los fondos destinados a la investigación y el desarrollo, el capital para el financiamiento de proyectos no le llega a la mayoría. Es por esto que los laboratorios y los centros de investigación realizan muy poca producción científica. En consecuencia, las universidades venezolanas continúan cayendo en el ranking mundial.


Esas clasificaciones toman en cuenta una serie de indicadores para comparar estas instituciones y la producción científica de los centros de investigación o laboratorios es uno de estos. El portal web Webometrics, que clasifica todas las instituciones de educación superior del mundo, explica que la escogencia de este indicador “fue hecho de acuerdo con varios criterios, unos de ellos intentan captar la calidad académica de la institución y sus fortalezas”.

Imagen: Andrea Hernández. Estadística de Jaime Requena

SCImago, página web que cuantifica el producto científico de cada país, muestra que en el año 2000 Venezuela estaba en el quinto puesto de Latinoamérica con 1.233 documentos. En el 2011 se difundieron 1.599, pero descendió al séptimo lugar. Por otro lado, el primer puesto del continente lo ocupa Brasil con 49.664 documentos científicos publicados el mismo año. La brecha es bastante grande.

Administradores de recursos

En los últimos años, las leyes y los entes administradores de recursos para la investigación científica han evolucionado en Venezuela. El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit) creado en 1967, es actualmente el Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (Fonacit), por ejemplo. Las nuevas versiones de estas instituciones han alterado los sistemas que antiguamente manejaban las instituciones de educación superior y los centros de investigación.
Las universidades han establecido entidades encargadas de administrar recursos y de llevar un registro de los investigadores, laboratorios y proyectos. La organización estructura en listados estos datos y permite que las empresas puedan contactar a los investigadores para llevar a cabo proyectos que les generen aportes, además “a las empresas les conviene justificar los aportes porque es una forma de declarar impuestos”, explica la doctora en ciencias biológicas Carolina Pestana.

Autobús de la USB
En la Universidad Central de Venezuela (UCV) existe el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH), en la ULA el Centro de Desarrollo Humanístico y Tecnológico y en la Universidad Simón Bolívar el Decanato de Investigación y Desarrollo. También han creado fundaciones como la USB que creó la Fundación de la Investigación y el Desarrollo (Funindes).



Estos entes se crearon para establecer un mejor control de las donaciones y una mejor base de datos, ya que en la mayoría de los casos las empresas privadas querían financiar directamente a científicos o querían promocionar alguna investigación específica. Esta fue una de las razones por las que el Gobierno quiso tomar cartas en el asunto, “este decide que las empresas no pueden decidir ellos como empresa privada a quién financiar y a mí tampoco me parece, no veo por qué una empresa va a decidir qué investigaciones se van a hacer en Venezuela”, opina el investigador y doctor en zoología Emilio Herrera.

Al ser organismos de con personal administrativo, también requieren de apoyo económico. Todas estas entidades toman una parte de lo que entra con los proyectos financiados por la empresa privada o pública. “El porcentaje que se le otorga al Decanato de Investigación y Desarrollo y a Funindes depende enteramente de la naturaleza del proyecto”, explica la decana de Investigación y Desarrollo de la USB, Elia García.

La investigadora especializada en biotecnología de plantas y producción agrícola, María Angélica Santana, opina que “muchas veces el porcentaje que se lleva Funindes no es justo”. Sin embargo, la bióloga especializada en alteraciones genéticas, Carolina Pestana, explica que ahora el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI) se encarga de todos los trámites relacionados con los aportes que realizan las empresas.

“No tenemos proyectos con entes privados. Lo que se hace, se hace por la Locti”, comenta Pestana. La Locti es la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación y mediante esta es que se seleccionan los programas y proyectos que califican para ser financiados en las áreas definidas por el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social de la Nación.

Según la Locti, Fonacit es responsable de la “administración, recaudación, control, verificación y determinación cuantitativa y cualitativa de los aportes”. Esto quiere decir que todo lo relacionado al Plan de Estímulo a la Innovación y a la Investigación (PEII), que es un mecanismo del MCTI para fomentar mediante financiamiento las líneas y redes de investigación en las áreas que requiere el país, está supervisado por Fonacit.

El PEII es una reformulación del el Programa de Promoción del Investigador (PPI), que era un incentivo a la producción científica. Esta reformulación ocurre porque las propuestas que busca el PEII deben estar orientadas hacia el trabajo comunitario. “¿Qué pasó? Mucha gente que estaba en los más altos rangos del PPI, ni siquiera quedó en el PEII. Ese es mi caso, por ejemplo”, comenta el biólogo investigador especializado en ecología de arrecifes coralinos, Aldo Croquer.

Cuestión de suerte (causas)

Investigadora María Angélica Santana
La causa más influyente en la disminución de proyectos y de investigación ha sido evidente en los últimos años, y ha despertado interés por las protestas en los últimos meses: los problemas de sueldo, deudas y aumento de los profesores. La profesora María Angélica Santana considera muy angustiante la situación. Su hija de 17 años le deja notitas en su oficina de ánimo y alegría, “es que estos últimos días han sido muy duros y ella me escribe esas cosas”, explica señalando el post-it en la puerta.


Llevar a cabo investigaciones implica además una serie de recursos que no son sencillos de conseguir y que varían dependiendo de la investigación que se esté realizando. Luis Miguel Montilla es biólogo, actualmente investiga corales, explica que los gastos para sus investigaciones varían: traslados a las playas, estadía, equipos para la recolección de muestras, artefactos para procesar las muestras, reactivos y otros implementos.

La escasez de recursos y financiamiento hace que alcanzar la cima sea un reto cada vez más cuesta arriba. La especialista en alteraciones genéticas, Pestana, explica que el dinero que se pide para los proyectos se estipula para dos años de investigación, y que una vez finalizado el proyecto acordado es muy difícil continuar más allá la investigación. “Para permitir esa continuidad la única forma es que nosotros podamos prestar un servicio público, elaboras todo un proyecto para prestar servicio y se le da a Funindes”, comenta Pestana tomando en cuenta sus trabajos de investigación.

Investigador de la USB, Emilio Herrera
Las motivaciones en la constancia por la investigación varían, Croquer ha intentado ganar el concurso de PEII varios años seguidos, pero no ha conseguido el financiamiento. Algunos de la misma USB han tenido más suerte, como el doctor Emilio Herrera quien recibió 113 mil bolívares para sus investigaciones a través del concurso de PEII, "Lo que no sabemos es por qué, nunca se supo cuáles eran las prioridades ni quiénes eran las comisiones que evaluaban esos proyectos. Yo tengo colegas que a mi manera de entender tenían proyectos mejores que el mío y más relevantes para la situación actual pero no les dieron el financiamiento”.

Tanto Herrera como Croquer coinciden en que el criterio no parece ser político, ambos conocen a investigadores que no son partidarios de la política del gobierno y de igual manera han sido seleccionados, Herrera se considera uno de esos.

Emigra el conocimiento
“Yo les voy a decir con mucha tristeza y por un lado orgullo, que todos mis estudiantes están fuera. Todos. Todos han tenido el nivel como para ganarse becas, terminar sus doctorados. Una lo hizo en Alemania y fue summa cum laude, otra lo hizo en Cornell y también fue cum laude”, cuenta la investigadora Santana.


Las publicaciones se hacen en revistas arbitradas de otros países, existen pocas en Venezuela. Hay una pérdida de la planta profesoral y de estudiantes de postgrado, en quienes se apoya la investigación productiva. Un ejemplo es el departamento de biología de la Simón Bolívar, donde ya se jubilaron 3 profesores y 7 de 16 son jubilables; la división corre el peligro de quedarse con cinco profesores.

Las oportunidades están afuera. Muchos investigadores han ganado reconocimiento internacional como Luis Miguel Márquez con su artículo de la trisimbiosis en la revista Science. La producción científica de los venezolanos ocurre en otros países. Mientras que en Venezuela los investigadores encuentran una serie de obstáculos que les dificulta la elaboración de proyectos. “¿Qué les puedes ofrecer tú aquí?”, concluye Santana preocupada.

El declive de las oportunidades para la producción científica es directamente proporcional a la caída de Venezuela en el ranking mundial de las universidades. El compromiso y la pasión de los investigadores por descubrir nuevos fenómenos y resolver problemas es lo que mantiene a flote la constancia y la insistencia. Dicen que ellos continúan aquí por vocación. Pero, ¿cuánto más va a durar?



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